Acuicultores de Maine lanzan campaña pública en defensa del sector

Acuicultores de Maine lanzan campaña pública en defensa del sector

Productores de Maine, Estados Unidos, iniciaron una campaña pública para visibilizar el aporte de la acuicultura, mientras algunas localidades evalúan nuevas restricciones.

En un contexto marcado por debates locales sobre el desarrollo de la acuicultura, productores marinos del estado de Maine, en Estados Unidos, lanzaron una campaña de información pública orientada a fortalecer la comprensión ciudadana sobre la maricultura moderna y su aporte económico, ambiental y cultural a las comunidades costeras.

La iniciativa es liderada por la Maine Farmed Seafood Coalition, organización creada en 2025, y se materializa a través de la campaña “Maine Farmers Are Why”, que pone el foco en las experiencias personales de productores individuales y presenta la acuicultura como parte del concepto de working waterfront, asociado al uso productivo tradicional de los bordes costeros del estado.

Desde la coalición explican que el objetivo es enfrentar el limitado conocimiento público existente sobre la acuicultura actual, en un escenario donde algunas localidades costeras analizan nuevas regulaciones que podrían restringir el tamaño de las concesiones acuícolas. La campaña contempla el uso de relatos personales, publicidad y actividades presenciales para reforzar el respaldo ciudadano a la actividad.

Uno de los casos destacados es el de Krista Tripp, productora del sector Midcoast de Maine, quien combina el cultivo de ostras con la pesca comercial de langosta. Tripp cuenta con una concesión de cultivo de ostras de casi cuatro acres en South Thomaston, en el condado de Knox, además de operar alrededor de 800 trampas de langosta. Inició su actividad acuícola en 2018 y actualmente emplea a tres trabajadores de jornada completa durante gran parte del año.

El debate regulatorio se concentra especialmente en las localidades vecinas de Cushing y South Bristol, en el condado de Lincoln, donde se analizan ordenanzas que limitarían las concesiones acuícolas a un máximo de media hectárea. Las votaciones podrían realizarse a partir de marzo, aunque críticos de las propuestas advierten que imponer estos límites podría hacer inviable el funcionamiento comercial de muchos emprendimientos. En el caso de Tripp, su concesión cercana a los cuatro acres solo ha alcanzado una rentabilidad sostenida en forma reciente.

El debate

Como parte de sus argumentos, la Maine Farmed Seafood Coalition releva datos del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) y del Departamento de Comercio, que indican que más del 80% de los productos del mar consumidos en el país son importados, gran parte de ellos provenientes de acuicultura desarrollada fuera de Estados Unidos. Frente al aumento de la demanda global por productos del mar cultivados, la organización sostiene que Maine cuenta con ventajas comparativas para expandir la producción doméstica, como aguas frías, una fuerza laboral marítima con experiencia y una infraestructura ya instalada.

La coalición está integrada por representantes de FocusMaine, la Maine Aquaculture Association, World Wildlife Fund, Coastal Enterprises Inc. y el Island Institute. Desde el comité directivo, Andrea Cianchette Maker, representante de FocusMaine, señaló que la percepción pública sobre la acuicultura estaría evolucionando a medida que aumenta el acceso a información. “Mientras más personas conocen los hechos sobre la acuicultura, más fuerte es su apoyo. Esta campaña ayudará a que la gente de Maine entienda y valore el enorme aporte que la acuicultura entrega a nuestro estado, en lo económico, ecológico y cultural”.

En línea con ese diagnóstico, una encuesta realizada en 2024 por la Maine Aquaculture Association mostró que el 76% de los habitantes de Maine considera que los productos acuícolas son una fuente de alimento sostenible, cifra que aumenta al 82% entre quienes ya están familiarizados con la industria.

Desde la perspectiva de los productores, la acuicultura se plantea como una extensión natural de las actividades tradicionales del litoral. “Muchos pescadores de langosta que conozco ya han diversificado lo que extraen. La acuicultura es otra forma de diversificar”, afirmó Tripp. Respecto de la oposición a la actividad, agregó: “La gente simplemente no sabe qué estamos haciendo ahí afuera. Cuando aparece una industria nueva en su zona, surge mucho miedo y se imagina el peor escenario. No estamos tratando de adueñarnos del golfo de Maine. Solo estamos tratando de ganarnos la vida en el mar”.