El workshop Women in Ocean Science, organizado junto a One Language Experience, reunió en Puerto Montt a mujeres vinculadas a la ciencia, la salmonicultura, la mitilicultura y otras áreas de la acuicultura. La jornada combinó exposiciones internacionales, experiencias locales y espacios de conversación orientados a fortalecer redes y abrir nuevas oportunidades de colaboración.
En la apertura, Jessica Cabezas, CEO y fundadora de One Language Experience, recordó cómo el vínculo con Ana Verónica García, trainer de la institución y WOS Ambassador Chile, abrió la posibilidad de desarrollar el encuentro.
“La pregunta que hoy nos hacemos es qué necesitan y qué se necesita. Eso es lo que debemos conversar. En One Language trabajamos transversalmente con distintos mundos y queremos unirlos. Queremos que esos mundos se encuentren, y por eso estamos muy contentos con esta convocatoria y con la posibilidad de generar nuevas conexiones”, señaló Cabezas.
García, quien estuvo a cargo de la moderación, planteó desde el comienzo que el objetivo iba más allá de escuchar una serie de presentaciones. La propuesta buscó que las distintas experiencias funcionaran como punto de partida para generar vínculos entre profesionales que, pese a desenvolverse en ámbitos diferentes, comparten su relación con el océano.
“Tenemos una excelente participación de investigadoras con un amplio rango de experiencias, que van a compartir diversos desafíos que ya tuvieron que superar y desde diferentes áreas. Pero, por sobre todo, esperamos que este evento nos una y sirva como un puente para generar colaboración, conocernos más, con empatía y siempre con ganas de compartir entre nosotras”, expresó.
Una de las primeras experiencias fue la de Elena Araque Caballero, doctora en Química, navegante y comunicadora científica española. Tras completar su formación académica decidió modificar el rumbo de su carrera para vivir ligada al mar y desarrollar un proyecto que utiliza su propia embarcación como plataforma para colaborar con iniciativas científicas.
Su propuesta contempla apoyar la recolección de datos durante la navegación, aprovechando que embarcaciones particulares pueden acceder a lugares remotos que no necesariamente forman parte de las rutas habituales de los buques oceanográficos. Entre sus intereses se encuentran proyectos relacionados con microplásticos, ADN y otras mediciones que puedan realizarse desde el océano.
“Lo que estoy buscando son proyectos, instituciones o personas que necesiten, por ejemplo, un barco para tomar datos o realizar expediciones. Estoy muy interesada en desarrollar recolección de datos, trabajar con microplásticos y otras líneas. Lo que ofrezco es el barco y también el acceso a una comunidad de navegantes, porque quiero involucrar a más personas y mostrar todo lo que podemos hacer desde nuestra casa en el mar”, explicó.
Desde Argentina participó Luciana Nerea Chaparro, fotógrafa científica cuyo trabajo se ha concentrado en las toninas overas y los ecosistemas de la Patagonia. Su experiencia con estos pequeños delfines comenzó a través de actividades de avistamiento y posteriormente derivó en un trabajo de fotografía, divulgación y conservación.
Chaparro relató cómo el contacto directo con estos animales transformó su manera de observar el océano y la llevó a utilizar las imágenes como una herramienta para acercar al público a especies que muchas veces son desconocidas fuera de sus territorios de origen. Su trabajo ha sido presentado en distintas exposiciones y busca también desarrollar nuevas colaboraciones para investigación e identificación de ejemplares.
La mirada científica continuó desde Suecia con Ellen Schagerström, investigadora del Department of Biological and Environmental Sciences de la University of Gothenburg, quien ha trabajado en botánica marina, macroalgas, restauración de ecosistemas y acuicultura.
Durante su intervención abordó su trayectoria desde la investigación académica hasta proyectos donde acuicultura y restauración pueden encontrarse. Schagerström planteó que ambas áreas no necesariamente deben avanzar por caminos separados y que la producción acuícola puede generar conocimiento, herramientas e incluso recursos que apoyen esfuerzos de recuperación de ecosistemas marinos.
El intercambio abrió además una conversación concreta sobre posibles vínculos con Chile. Consultada por las asistentes, la investigadora manifestó su disposición a colaborar en iniciativas asociadas a sistemas de aguas frías, macroalgas y acuicultura multitrófica, destacando las similitudes que pueden existir entre los desafíos abordados en Suecia y los que enfrenta el sur de Chile.
Esa búsqueda de conexiones estuvo presente también en otras intervenciones internacionales. Durante el encuentro se compartieron experiencias de redes de mujeres vinculadas a la acuicultura en Noruega, cuyos representantes destacaron que muchas oportunidades profesionales comenzaron simplemente a partir de conocer personas, conversar e intercambiar ideas. La invitación fue a extender esas relaciones hacia otros países mediante workshops, encuentros digitales y proyectos conjuntos.
El componente local estuvo representado también por Camila Barría Cárdenas, bióloga marina, doctora en Ciencias de la Acuicultura y gerenta técnica de AmiChile e Intemit, quien viajó desde Castro para participar presencialmente del encuentro.
Su exposición, titulada “Mi vida como científica isleña”, recorrió una trayectoria que comenzó en la isla de Quinchao y continuó con estudios de Biología Marina en Valparaíso, formación de posgrado en Barcelona y posteriormente un doctorado en Ciencias de la Acuicultura en la Universidad Austral de Chile.
Barría presentó parte de su trabajo científico en áreas como floraciones algales nocivas y nanoplásticos, junto con los desafíos que actualmente aborda desde la mitilicultura. Pero el cierre de su presentación estuvo centrado menos en los resultados de laboratorio y más en la relación entre ciencia, territorio y trayectoria personal.
“Como mujer científica, primero aprendí que las preguntas nacen del territorio. Mirar el mar de Chiloé me llevó a investigar. Salir y volver suma, porque lo aprendido afuera hoy sirve en mi región. Y la ciencia es en equipo, cada publicación tiene muchas manos y mentores. El lugar de donde vienes no te limita, puede ser tu primer laboratorio”, reflexionó.
Al cierre, Ana Verónica García destacó que el objetivo inicial de generar conexiones había logrado trasladarse desde las presentaciones hacia conversaciones y contactos concretos entre las participantes.
“Creo que cumplimos con el objetivo de conectar, compartir y generar ese puente entre nuestras historias y entre lo que podemos ofrecernos unas a otras. Este ha sido, además, un espacio seguro, donde nos hemos sentido acompañadas. La idea ahora es compartir la información para generar una red y que esto propicie un nodo de colaboración”, sostuvo.
El resultado dejó abierta la posibilidad de dar continuidad a este tipo de encuentros y mantener los vínculos generados durante la jornada, tanto entre las profesionales presentes en Puerto Montt como con las científicas que participaron desde el extranjero.
Más que cerrar una conversación, el workshop terminó instalando una pregunta que había aparecido varias veces durante la jornada: qué pueden construir juntas mujeres que trabajan desde distintos puntos del mundo, pero que comparten al océano como espacio de investigación, producción, innovación y desarrollo.